Llegué a casa de trabar como todos los días, mi mujer me esperaba en la cama embadurnada de aceite y abierta de piernas y rascandose el chumino con un tenedor muy fino. Me acerqué a ella y la perra me agarró el miembro con fuerza llevandoselo a la boca. Le dije:

-Te voy a dar con todo lo gordo en todo lo negro!!
-Antes te voy a sacar te voy a sacar punta al lapiz.

Empezó a chupar sin piedad. Con un ansia desmesurada. Llegó a sorprenderme hasta donde se la tragó sin vomitar.

-Te estás poniendo las botas eh... guarra...

Dije mientras pasaba mi mano por su espalda hasta llegar a su culo. Donde le metí el corazón hasta el fondo. Su única respuesta fue tragar con más ansia. Me miró ansiosamente a los ojos mientras se la sacaba de la boca.

-Clavamelá! Ponme a cuatro patas y follame como una perra.

Con un agil movimiento, me tiró a la cama donde me agarró por el cuello con las piernas y me lanzó hacia su húmedo clitoris mirando fijamente hacia mi ensalivado miembro. Mientras luchaba por encontrar algo de oxigeno ella se abalanzó otra vez hacia mi polla. Tanto que me rozaba las pelotas con la nariz. Ahi empezó la fiesta.